• Haṃsa, el ganso de las plumas de oro

    हंस Haṃsa, el ganso de las plumas de oro , el ga

    El símbolo del cisne aparece en innumerables cuentos, leyendas y mitos de Europa y Asia. Por su pureza y blancura el cisne representa el poder de la luz y, por su belleza, gracia y elegancia, se le vincula a la música, la danza y la poesía.  Es quizá por esta razón que la palabra indoeuropea que designa a esta especie es *swen (cantar), de la cual proviene Swan en inglés y Sven en sueco.

    En Grecia el cisne era un ave consagrada a Apolo, dios de la música, y en India es montura de Sarasvatī, diosa de la palabra, las artes y la sabiduría. Pero en India esto no siempre fue así, porque en realidad en India muy rara vez hay cisnes. Lo que sí hay es gansos blancos. Fue durante la colonia británica que la figura del ganso blanco fue sustituida por la del cisne.

    La palabra en sánscrito que designa a los gansos es Haṃsa, inversión del mantra de la respiración so’ham (eso soy yo) y cognado con las palabras españolas ganso y ánsar, que denominan a este género de aves.

    Para Pitágoras el cisne era semejante al alma que nunca muere, y la alegría de su canto antes de morir representaba la alegría de la liberación de su atadura a un cuerpo mortal. De la misma forma, en diferentes tradiciones de pensamiento en India el ganso representa el principio espiritual que transmigra de un cuerpo a otro, es decir el ātman.

    El haṃsa es también montura de Varuṇa y de Brahmā, el dios creador. Símbolo de la elevación del mundo material al mundo del conocimiento, del discernimiento entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo eterno y lo intrascendente. Relacionado a esta representación, en sánscrito Paramāhaṃsa (परमाहंस), que literalmente significa “ganso supremo”, es un título honorífico aplicado a maestros espirituales que son considerados como completamente despiertos.

    Los gansos habitan en lugares cercanos al agua, como ríos o lagos, y en bosques de poca vegetación. Son aves capaces de volar a gran altitud y sobrevuelan las más altas cimas del Himālaya. Los gansos salvajes del subcontinente indio residen en el  lago Manasarovar, el lago de la mente, en cuyas aguas cristalinas los peregrinos consideran que pueden lavar los pecados de cien vidas, y migran hacia el sur en invierno.

    Al igual que los cisnes en la literatura celta, los gansos representan la habilidad para viajar entre mundos, pues tienen la capacidad de caminar en la tierra, volar en el aire y nadar en el agua.

    Aunque en el budismo el ganso no representa el ātman, sí representa las cualidades espirituales, la prudencia, el amor y la fidelidad como lo encontramos en la siguiente historia extraída de los Jātakas, las vidas pasadas del Buddha:

    “Hace tiempo hubo un ganso que tenía las plumas doradas. Este ganso vivía en un estanque y cerca del estanque habitaba una mujer que era muy pobre y vivía con sus dos hijas. Al darse cuenta de su condición el ave pensó “Si les doy una de mis plumas de oro podrán venderlas y vivir cómodamente”. Entonces entró a casa de la mujer, quien al ver al ave le dijo: “¿A qué has venido aquí? No tenemos nada que ofrecerte”. A lo que el ganso respondió: “No he venido a tomar nada, sino a darte algo. Sé que vives en una condición de pobreza. Te daré mis plumas de oro, una por una y podrás venderlas. Con el dinero que te den a cambio podrás vivir con comodidad”. Después de decir esto, le otorgó una de sus plumas y se fue volando. De vez en cuando, el ave regresaba y le regalaba una de sus plumas.

    Así vivieron un tiempo, pero la madre se volvió codiciosa y quiso obtener todas la plumas, por lo que dijo así a sus hijas: “La próxima vez que el ganso vuelva le pondremos una trampa y tomaremos todas sus plumas.” A esto sus hijas replicaron: “Si hacemos eso el ganso no confiará en nosotras, volará lejos y no volverá jamás”. Pero la madre estaba cegada por su avaricia y no las escuchó, y cuando el ganso fue a visitarlas, lo atrapó y le arrancó todas las plumas. Pero en lugar de ser de oro, las plumas arrancadas eran ordinarias.

    Al ver la sorpresa de la madre el ganso dorado le dijo. “Desdichada mujer, yo quería ayudarte pero a cambio tu quisiste lastimarme; yo te ofrecía las plumas de oro pero por tu avaricia esas plumas no son para ti más que plumas ordinarias. Me voy y nunca volveré; no debes albergar en tu corazón la codicia”. La madre despertó de su error y se disculpó, pero el ganso levantó el vuelo para nunca más volver.”

    Tras ofrecer esta exposición del Dhamma, el Maestro les dijo: “De esta forma, oh bhikkhus, cuando renací entre los animales mostré la importancia de tener gratitud y no perseguir la codicia”.

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